Carta al Otoño

Querido Otoño,

Ya sabes que el verano es mi estación preferida y que ya en primavera, cuando los cálidos rayos de sol, van derritiendo las invernales capas de nieve incrustada en las montañas, me siento renacer.

Por eso, cuando llegaste ya finalizando septiembre, no pude evitar mirarte de reojo y con recelo, con mucho recelo y porqué no decirlo, hasta con un poquito de rabia. Venías a quitarme lo que más quería y quiero, mi querido verano. Lo hiciste de puntillas, casi sin avisar, con alevosía y mucha nocturnidad, ya que poco a poco, le fuiste quitando luz a los días y cambiaste las horas de sol, por más horas de luna. Los días de risas y alegrías, los convertiste en días de nostalgia y melancolía. 

Y pasó septiembre, octubre, noviembre y ahora que ya estamos en diciembre y hoy ya nos abandonas, es ahora, que he aprendido a quererte. Poco a poco has ido mostrando tu cara más amable, de los días más cortos y silenciosos, se saca el placer de estar en casa con los tuyos, del sabor de una taza de leche caliente, de dormir abrazados, de la plácida lectura al calor del hogar, de coser concentrada en lo que hago sin ruidos del exterior que me distraigan y sin el calor que me impida coger una aguja. 

Ahora que te vas, no quiero que lo hagas, porque ya he aprendido a quererte, a ver lo bueno que tienes y además cuando lo hagas, darás paso al frío invierno. Pero no te preocupes, te guardaré el cariño para el año que viene y cuando vuelvas de nuevo, te recibiré con los brazos abiertos, con las ganas y la ilusión con las que se recibe a un viejo amigo. 

Me pregunto si cuando termine el frío invierno, también lo voy a querer como te quiero a ti.

Un abrazo y hasta la próxima!.
Rosa del Río

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